Crónica de un viaje al País de los Cátaros

Talleres AUDEMA 1º cuatrimestre – Curso 2026-27

02/06/2026

Talleres AUDEMA 1º cuatrimestre – Curso 2026-27

02/06/2026
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Crónica de un viaje al País de los Cátaros

Fotos por gentileza de Miguel Ángel Encinas (Muchas gracias!)

Hay viajes que se disfrutan mientras se viven y otros que, además, permanecen largo tiempo en la memoria. El recorrido por el País de los Cátaros ha sido, sin duda, uno de esos viajes que dejan huella: una sucesión de paisajes, ciudades históricas, fortalezas suspendidas en la roca y pueblos de serena belleza que nos invitan a volver una y otra vez con el recuerdo.

La primera etapa nos llevó desde Madrid, con paso por Figueras, hasta tierras francesas, con una parada en Collioure, pequeño tesoro de la Costa Bermeja. Allí paseamos por sus calles pintorescas, llenas de color y de vida, en un entorno que durante siglos atrajo a viajeros y artistas. Junto al puerto, la silueta de la iglesia de Notre Dame des Anges nos regaló una de esas estampas que parecen detenidas en el tiempo, con el Mediterráneo como telón de fondo. También tuvo un significado especial la visita al cementerio de la localidad, donde se encuentra la tumba del gran Antonio Machado, lugar de memoria y emoción que añadió al recorrido una dimensión más íntima y conmovedora. Después llegamos a Carcassonne, ciudad que se convertiría en el gran hilo conductor de nuestra estancia.

Carcassonne nos recibió con toda la fuerza de su pasado medieval. Cruzar su puente levadizo y adentrarse en el recinto amurallado fue como atravesar una puerta hacia otra época. Sus calles, sus torres, el Castillo Condal y la Basílica de Saint Nazaire, con la elegancia de su estilo gótico meridional, sus vidrieras y su coro, compusieron uno de los momentos más intensos del viaje. Más tarde, el crucero por el Canal du Midi añadió una nota de calma y belleza al recorrido: esclusas, puentes, acueductos y rincones llenos de historia fueron desfilando ante nosotros en una travesía serena, muy distinta y complementaria a la grandeza pétrea de la ciudadela.

Otro de los días memorables nos condujo hasta la abadía de Fontfroide, donde la sobriedad y armonía del arte cisterciense se muestran con una belleza extraordinaria.

Pasear por este conjunto monástico, entre piedra, silencio e historia, permitió comprender mejor la dimensión espiritual y también política de una región marcada por grandes episodios religiosos. Desde allí continuamos hasta Lastours, donde las fortalezas cátaras, recortadas sobre el paisaje y dominando los profundos valles de los ríos Orbeil y Grésilhou, ofrecieron una imagen inolvidable. Allí la historia parecía aferrarse todavía a la roca, como si los castillos custodiaran, aún hoy, la memoria de un tiempo convulso.

La ruta prosiguió con Foix, dominada por su magnífico castillo de tres torres, encaramado sobre una peña y convertido en emblema de la ciudad. Desde allí, la mirada abarcaba el paisaje con la misma sensación de vigilancia y poder que debieron de sentir quienes habitaron la fortaleza. Más tarde llegamos a Mirepoix, una de esas localidades que seducen por la armonía de su trazado medieval, su plaza soportalada y la delicadeza de las tallas de madera que embellecen sus fachadas. Fue un paseo especialmente grato, de esos que invitan a demorarse y a observar cada detalle.

En la última jornada, Narbonne puso un broche espléndido al viaje. Ciudad de larguísima historia, nos permitió recorrer un patrimonio en el que destacan el Palacio de los Arzobispos y la Catedral de San Justo y San Pastor, conjunto monumental que resume siglos de esplendor. Después llegó el regreso, siempre acompañado de esa mezcla de cansancio y gratitud que dejan los viajes bien vividos.

Queda ahora el recuerdo compartido de estos días: las murallas de Carcassonne, la luz de Collioure, la serenidad de Fontfroide, la fuerza de Lastours, la nobleza de Foix, el encanto de Mirepoix y la riqueza histórica de Narbonne. Lugares distintos entre sí, unidos por el atractivo de una ruta que nos permitió descubrir no solo monumentos y paisajes, sino también el placer de viajar juntos y de dejar que la historia, el arte y la geografía se transformaran en experiencia viva. Y, ya en el autocar, con el viaje tocando a su fin, permanece también nuestro agradecimiento al amable conductor, Ramón, y a nuestro guía acompañante, Luis Cierco, que velaron en todo momento por el bienestar del grupo e hicieron que todo transcurriera con cercanía, atención y buen hacer.

No quiero cerrar esta crónica sin dejar constancia de nuestro agradecimiento a Viajes Arawak y, de manera muy especial, a Clara, cuyo buen hacer consigue que en los viajes de AUDEMA todo discurra con orden, cuidado y esmero. Quiero también felicitar a todas las personas que formaron parte de este grupo de viajeros, que, aún con unas temperaturas sorprendentemente elevadas, supieron disfrutar en todo momento de cuanto íbamos viviendo y compartiendo, y afrontaron cualquier contratiempo con ánimo ejemplar.

¡Gracias! Ha sido un placer compartir todas estas horas con vosotros y pronto nos volveremos a encontrar para seguir disfrutando de todas esas maravillas que aún tenemos por descubrir.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

Con afecto,

Elisa Nuez Patiño

Alcalá de Henares, junio de 2026